Irradia, emisión del 30 de marzo de 2025

Irradia, emisión del 30 de marzo de 2025

Irradia, emisión del 30 de marzo de 2025
Transmitido por CMKC, Emisora
​​Provincial de Santiago de Cuba
Programa Radial de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba
IV Domingo de Cuaresma

“Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado” Lucas 15, 32

 

Audio Player

 

(Música, Él lo esperaba, Javier Brú)

Para llegar a ti como una bendición, para abrir tus alas al amor de Dios.
Irradia. Un proyecto de la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.
Saludos a todos los 3que nos acompañan en este día en que venimos a compartir la fe con nuestra comunidad.
Bienvenidos a este encuentro fraternal con la iglesia toda, como el cuerpo místico de Jesús.
Irradia está contigo, irradiando la fe.

(Música, Él lo esperaba, Javier Brú)

En esta mañana nos acompaña el P. Rafael Ángel López Silvero, párroco de la Santa Basílica Iglesia Metropolitana Catedral de Santiago de Cuba.

Alégrate Jerusalén y que se reúnan cuantos la aman, compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad. Señor, Dios, que por tu palabra realiza admirablemente la reconciliación del género humano, concede al pueblo cristiano prepararse con generosa entrega y fe viva a celebrar las próximas fiestas de la Pascua. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches, dondequiera que se encuentren, una alegría y un gozo como siempre poder compartir con ustedes este pedacito de la mañana del domingo y compartir sobre todo la palabra de Dios que nos fortalece, que nos ilumina, que nos sostiene, que nos ha ayudado en esta semana que recién termina, y por supuesto nos va a ayudar en esta semana que recién comienza.

El pasado 25, martes 25 de marzo, fue la fiesta de la Anunciación del Señor. El Ángel le anuncia a la Virgen Santísima que será la Madre del Salvador y ella dispuesta siempre a hacer la voluntad de Dios, le responde, “He aquí, la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

No quiero dejar pasar este día sin felicitar a la hermana Soledad que cumplió 60 años de vida consagrada, de vida religiosa como hija de María Inmaculada en las Claretianas. Que el Señor la bendiga abundantemente y le conceda muchos más años de servicio y de entrega generosa. Pero también quiero felicitar a la hermana Anuncia que fue su santo el día de la Anunciación del Señor porque se llama Anuncia, que el Señor le conserve siempre esa alegría que transmite a todos los que se encuentran con ella.

Estamos celebrando hoy el cuarto domingo de Cuaresma. Me comentaba Chuchú que vamos ya prácticamente en el final de la Cuaresma. Creo que es momento de preguntarnos cómo la estamos viviendo, si la hemos aprovechado realmente en la oración, en el ayuno, en la limosna, compartiendo con aquellos que necesitan de nuestra compañía, de nuestra palabra, de la palabra de Dios que podemos llevarle, y también porque no, en la medida que podemos, nuestra ayuda material.

Así que tenemos que preguntarnos si estamos aprovechando ese tiempo de Cuaresma, y aprovechar el tiempo que nos queda antes Semana Santa para ponernos en las manos del Señor. Arrepentirnos de nuestras faltas, confesarnos; es la oportunidad de acercarnos a el sacramento de la confesión. En los mandamientos de la iglesia está el de confesarnos por lo menos una vez al año por Pascua Florida. Pascua Florida es la Pascua de Resurrección.

Después de haber caminado cuarenta años por el desierto, el pueblo de Israel entró a la tierra prometida y allí celebró la Pascua, como nos lo dice la primera lectura tomada del libro de Josué, en el capítulo 5, versículos del 9 al 12.

Dios había sido fiel a su promesa porque su misericordia es infinita, tal como nos lo expone San Lucas al relatarnos la hermosa parábola del hijo pródigo en el Evangelio de hoy. Y es también la misericordia de Dios la que nos recuerda San Pablo en su segunda carta a los Corintios, capítulo 5, versículos del 17 al 21, al invitarnos a la reconciliación con el Señor.

El evangelio de hoy está tomado del evangelista San Lucas, en el capítulo 15, versículos del 1 al 32.

(Lectura del evangelio de San Lucas, capítulo 15, 1-32)

Parábola del hijo pródigo. Ese hijo, el más pequeño, que quiso que su padre le entregara la parte como si le perteneciera por derecho propio. En definitiva, la herencia que puede recibir es fruto del trabajo de su padre. Pertenece a su padre, no a él. Él debería trabajar y luchar para ganar su propio sustento. Los bienes que desea tener se los gana con su trabajo, pero bien, se lo exige a su padre y su padre se lo entrega.

Y entonces cuando pasa un tiempo, pues nada, se va por ahí, pero no para hacer producir lo que ha recibido, dice un viejo refrán, “Lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta.” Y se va por ahí a gastar de cualquier manera, y no de buena manera lo que ha recibido de su padre. Y como todo lo que se gasta sin trabajar y sin volver a reponer lo que gastamos, se terminó.

Pero además coincidió que se terminó cuando había una gran hambruna en el lugar donde él estaba, que era extranjero. Había dejado su casa para irse un país lejano y se moría de hambre, no tenía qué comer y tuvo que buscar trabajo. No le quedó más remedio que buscar trabajo y consiguió, tuvo la suerte de conseguir, pero cuidando puercos. Para un israelita esto era muy duro, porque para ellos en aquel tiempo, los cerdos eran animales impuros. Y no solamente tenía que cuidarlos, sino que tenía hambre y quería comer de las bellotas que comían los cerdos, y ni siquiera eso se lo permitían.

Y entonces cae en la cuenta, pero señor, si en la casa de mi padre los trabajadores tienen suficiente para comer, trabajan, por supuesto, pero tienen para comer y para a vivir qué hago yo aquí lejos de mi casa. Reconoce que se ha equivocado, que se ha equivocado de medio a medio, y no lo piensa dos veces y se pone en camino.

Le voy a decir a mi padre, “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti y ya no merezco llamarme hijo tuyo. Déjame quedarme aquí como uno más de tus jornaleros.” Y así lo hace. Pero lo que no piensa, lo que no puede imaginar, es que su padre desde que él se fue está a la entrada del camino esperando, rezando, pidiendo que su hijo regrese, acompañándolo. No para regañarle o vengarse.

El padre por su experiencia sabía que no iba a encontrar nada bueno lejos de su hogar, que iba a sufrir. Y quizás rogaba para que ese sufrimiento y esa prueba le sirviera para meditar, para reconsiderar su actitud, para comenzar de nuevo por el verdadero y buen camino. Porque cuando nos apartamos del buen camino, si al menos nos sirve para recapacitar y experimentar lo que significa estar lejos del camino del bien, y querer regresar a él, bueno por lo menos ha servido para algo.

Pero qué triste que nuestros errores no nos sirvan para nada. Porque cuando no nos sirven para nada, cuando no reflexionamos, cuando no meditamos sobre eso, quiere decir que los vamos a volver a cometer una y otra vez. Dice también un viejo refrán que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Porque a veces nos sacamos las conclusiones de nuestros propios errores.

Pero cuando el hijo llega, va llegando, el padre se da cuenta y no lo deja llegar, sale corriendo a recibirlo, y cuando él se va a arrodillar a pedirle perdón, a decirle, “Padre, he pecado”. Su padre lo abraza y dice, “Hagamos una gran fiesta porque este hijo mío que estaba muerto, ha vuelto a la vida, este hijo mío que se había perdido, ha sido encontrado”. Una gran fiesta. Lo menos que se podía imaginar.

Lo mismo que hace Dios con nosotros cuando nos alejamos de su camino, cuando pensamos que lejos de Él vamos a encontrar felicidad, alegría, gozo que no va a terminar nunca. Y nos encontramos tristeza, prueba, dolores, solos, porque hemos abandonado a Dios. Dios no nos ha abandonado, Él siempre está ahí. Camina con nosotros, nos acompaña, aunque no queramos pensar en Él. Aunque queramos abandonarlo, Él va a estar siempre ahí, pero nos sentimos solos porque nos olvidamos de Él, pero Él está ahí, dispuesto siempre para que, si rectificamos, si de verdad aprendemos de nuestros errores y volvemos a la casa paterna, volvemos a Él, echarnos los brazos al cuello y decir, “Alegrémonos porque este hijo mío que estaba perdido, ha sido encontrado, estaba muerto y ha vuelto a la vida”.

Como la parábola de la oveja perdida y el que la encuentra la carga sobre sus hombros lleno de alegría y la regresa el redil y reúne a sus amigos, “vamos a hacer una fiesta porque la he encontrado”. O la mujer que ha perdido una moneda de las diez que tenía, y barre toda la casa y pide a sus amigas que la ayuden, y cuando la encuentran se llena de alegría. Dios se llena siempre de alegría cuando regresamos, por eso no podemos tener miedo a regresar, a reconocer nuestros pecados, arrepentirnos, a pedirle perdón, pero sabiendo que hay gran alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte y también nosotros tenemos que alegrarnos por eso.

El hijo mayor no. Cuando se dio cuenta que había una fiesta en su casa y le dicen el motivo, “porque tu hermano ha regresado”, se enfada, se pone bravo. “Has recibido a ese que se fue y gastó todo tu dinero en malos pasos. Y a mí, sin embargo, no me has dado nunca ni un cabrito para compartirlo con mis amigos”. “Pero si todo lo mío es tuyo, hijo mío. Todo lo mío es tuyo”.

A veces nos pasa lo mismo, nos cuesta alegrarnos cuando nuestros hermanos regresan. Y tenemos que pedir que nos alegremos. Nuestros hermanos tienen que reconocer que han fallado, que han pecado. Tienen que pedir perdón. Eso sí, es indispensable, si no se hace así, volvemos a cometer los mismos errores. Pero no podemos hacer leña del árbol caído. Tenemos que abrir el corazón, tenemos que recibirlos, tenemos que acogerlos.

Esto nos enseña esta hermosa parábola, que no nos cansamos de leer, de reflexionar, de rezar, de meditar. Dios es tan grande, tan bueno, nos ama tanto. ¿Cómo no nos va a amar Aquel que entregó a su único Hijo por nosotros? Qué alegría, qué gozo sentir eso en nuestra vida. Pero, así como Dios se alegra cuando nosotros regresamos y nos perdona, así también nosotros tenemos que alegrarnos cuando nuestros hermanos regresan, y acogerlos con los brazos abiertos, somos los brazos de Dios para con nuestros hermanos. Que así el Señor nos lo conceda.

(Música, Padre, vuélvenos a Ti, Dumas y Mary)

Y ahora presentemos nuestras súplicas hermanos, confiados en que el Señor siempre nos escucha en nuestras necesidades.

En primer lugar, por la iglesia, para que seamos signos del amor misericordioso de Dios y estemos dispuestos siempre a recibir a nuestros hermanos que regresan. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Por todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, para que puedan encontrar siempre en Cristo consuelo, fortaleza y esperanza. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Pidamos por el aumento de las vocaciones sacerdotales, religiosas, diaconales, laicales.  Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Por todos los difuntos, de manera especial los que nadie recuerda, para que perdonadas sus faltas el Señor los acoja en su descanso. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Y pidamos los unos por los otros, sobre todo que podamos aprovechar este tiempo de para regresar y sentir ese amor de Dios que nos acoge. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Escucha Padre Santo estas súplicas y aquellas que han quedado en nuestros corazones pero que tú conoces te las presentamos. Por Jesucristo, tu Hijo nuestro Señor. Amén.

Oremos, hermanos, con la misma oración que el Señor nos enseñó.

Padrenuestro que estás en el cielo
santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase su voluntad,
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
Como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Que tengan todos, un feliz domingo, pero antes de terminar quiero dejarles en la cita bíblica para esta semana tomada del Evangelio de San Lucas, en el capítulo 15, versículo 32. “Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado”. Oremos con él. Asumamos lo que él dice, compartámoslo en familia. La familia que reza unida permanece unida.

Que tenga un feliz y bendecido domingo, que lo puedan disfrutar en familia y con los amigos. Sobre todo, con aquellos que por cualquier razón están lejos de sus familiares, y necesitan ese calor que da el encontrarnos con nuestros seres queridos, con nuestra familia. Vamos a acogerlos, vamos a ayudarlos a encontrar ese calor familiar.

Y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros y nos acompañe siempre. Amén.

Les ha hablado el padre Rafael Ángel, de la Catedral de Santiago de Cuba. Hasta la próxima si Dios quiere.

Con mucho gusto hemos realizado este programa para ustedes desde la Oficina de Medios de Comunicación, de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.
Guion, grabación, edición y montaje, Erick Guevara Correa.
Dirección General, María Caridad López Campistrous.
Fuimos sus locutores y actores, Maikel Eduardo y Adelaida Pérez Hung.
Somos la voz de la Iglesia católica santiaguera que se levanta para estar contigo…Irradia…

(Música, Un corazón pródigo, DR)

SHARE IT:

Comments are closed.