Irradia, emisión del 23 de marzo de 2025

Irradia, emisión del 23 de marzo de 2025

Irradia, emisión del 23 de marzo de 2025
Transmitido por CMKC, Emisora
​​Provincial de Santiago de Cuba
Programa Radial de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba
III Domingo de Cuaresma

“El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” Salmo 102

 

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(Música, Vida de verdad, Javier Brú)

Para llegar a ti como una bendición, para abrir tus alas al amor de Dios.
Irradia. Un proyecto de la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.
Saludos a todos los 3que nos acompañan en este día en que venimos a compartir la fe con nuestra comunidad.
Bienvenidos a este encuentro fraternal con la iglesia toda, como el cuerpo místico de Jesús.
Irradia está contigo, irradiando la fe.

(Música, Vida de verdad, Javier Brú)

En esta mañana nos acompaña el P. Rafael Ángel López Silvero, párroco de la Santa Basílica Iglesia Metropolitana Catedral de Santiago de Cuba.

“Mis ojos están siempre fijos en el Señor, pues Él libra mis pies de toda trampa. Mírame, Señor, y ten piedad de mí que estoy solo y afligido. Señor Dios, fuente de misericordia y de toda bondad, que enseñaste que el remedio contra el pecado está en el ayuno, la oración y la limosna, mira con agrado nuestra humilde confesión para que a quienes agobia la propia conciencia nos reconforte siempre tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.” Amén.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches, como siempre una alegría, un gozo poder compartir con ustedes donde quiera que se encuentren, este pedacito de la mañana del domingo, y poder compartir la palabra de Dios, que nos ha fortalecido en esta semana que termina, que nos fortalecerá, nos iluminará, nos dará ánimo para comenzar esta semana que empieza hoy domingo.

Aprovecho la oportunidad para felicitar a todos los que llevan el nombre de José o Josefa, Josefina, porque el miércoles pasado fue la fiesta de San José, Patrono de la Iglesia Universal, esposo de la Santísima Virgen María y padre adoptivo de Jesús.

Dios le confió esa responsabilidad de cuidar de la Virgen y del Niño, y la Iglesia le ha confiado la responsabilidad de cuidar de ella, por eso es Patrono de la Iglesia Universal. No dejemos de encomendarnos cada uno, y a los demás también, al patrocinio de este santo varón.

Estamos ya en el tercer domingo de Cuaresma. Y en este tercer domingo en las lecturas, Dios se revela a Moisés en el monte Sinaí como YO SOY. Así nos lo narra la primera lectura tomada del Antiguo Testamento del libro del Éxodo, en el capítulo 3, versículos del 1 al 8. Y allí le encarga la liberación del pueblo para introducirlo en la tierra de la promesa y de la libertad.

Por su parte, San Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículos del 1 al 12, nos recuerda que la vida del pueblo escogido mientras estuvo en el desierto es una advertencia para nosotros. San Lucas en el evangelio nos invita a la penitencia y advierte, que no debemos ver en las catástrofes naturales, ni en la violencia de los hombres, un castigo de Dios, sino un aviso para sentirnos siempre en manos de nuestro Padre.

Como les decía, estamos ya en el tercer domingo de Cuaresma. Y el evangelio de hoy está tomado del evangelista San Lucas, en el capítulo 13, versículos del 1 al 9.

(Lectura del evangelio de San Lucas, capítulo 13, 1-9)

En el primer domingo de Cuaresma se nos invitaba a reflexionar sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. Tentaciones que Jesús vence por la oración, por el esfuerzo en la oración y por la Palabra de Dios. Y nos enseña que también nosotros podemos vencer toda tentación que trata de apartarnos del camino del Señor, en la oración, en el esfuerzo diario para vivir conforme a la Palabra de Dios.

El segundo domingo de Cuaresma nos hablaba de la Transfiguración de Jesús en el monte, en lo alto del monte, cuando iba camino de Jerusalén. Jesús que aún sabiendo que al final de ese camino en Jerusalén lo espera el sufrimiento, el dolor, la persecución, incluso la muerte, sin embargo, está preocupado por sus apóstoles, por sus discípulos, y quiere darles fuerza para que puedan enfrentar lo que se viene, que puedan enfrentar la realidad de ver a su Maestro perseguido, condenado e incluso muerto.

Y por eso se transfigura delante de ellos, se les muestra con todo el poder y con toda la Gloria de Hijo de Dios, de segunda persona de la Santísima Trinidad. Y aparecen junto a él Moisés y Elías, diciendo que en Él se cumple la Palabra de Dios, la ley y los profetas, que aunque lo vean con figura humana es el Señor, es el Hijo de Dios, es Aquel que debía venir para salvarlos, para redimirlos, el que había prometido Dios a nuestros primeros padres.

Y este domingo nos presenta la liturgia en el evangelio, este pasaje de la higuera. Esa higuera a la que van y la encuentran sin fruto, y el dueño dice, “pues vamos a cortarla, ¿para qué nos sirve? Durante tres años he estado viniendo a buscar frutos en la higuera y no he encontrado nada, ¿para qué va a ocupar inútilmente este espacio?” Pero el que la cultiva le dice, “Vamos a darle una oportunidad. Yo voy a volver a trabajar alrededor de ella, voy a aflojar la tierra, la voy a abonar. Y si no da frutos entonces el año que viene la cortaremos”. Recordándonos la paciencia y la misericordia de Dios, que siempre nos da una nueva oportunidad.

Estamos llamados a dar frutos y frutos de buenas obras en el Señor. Frutos de amor, frutos de comprensión, frutos de perdón, frutos de reconciliación, frutos de abrir el corazón los unos a los nosotros y acompañarnos, y ayudarnos, pero no siempre damos esos frutos. A veces nos encerramos en nosotros mismos. Los sufrimientos, los dolores, las pruebas nos llevan a un momento en que pensamos solo en nosotros o en los nuestros. ¿Cómo resuelvo mi problema, aunque sea a a costa del otro? Entonces es un momento en que los cristianos tenemos que preguntarnos cómo lo enfrentamos.

Si lo enfrentamos siguiendo el camino de dar frutos de buenas obras, de preocuparnos no solo por nosotros mismos, sino también por los demás como Jesús en la transfiguración camino del dolor, pero preocupado por aquellos que también tendrían que enfrentar esa prueba de verlo colgado de una cruz, ¿cómo enfrentamos nosotros estas dificultades? Preocupándonos por los demás, preocupándonos por nosotros, por supuesto, eso es natural por nuestra familia, por los que están cerca, pero también preocupándonos por todos, por aquellos que encontramos en nuestro camino, a quienes podemos tenderle la mano, ayudarlos de alguna manera y, sobre todo, llevarles la palabra de Dios.

A veces nos sentimos impotentes porque decimos, “No tengo nada que dar, no tengo nada que llevarle, no tengo nada.” Sí, como no, nosotros siempre tenemos algo que llevar y es la palabra de Dios en primer lugar, es la fuerza de Dios, es la luz de Dios, no para consolar solamente, sino para fortalecer, porque no estamos solos, porque el Señor nos acompaña, porque el Señor va a nuestro lado, porque el Señor nos ilumina y nos ayuda a mirar siempre adelante, a buscar caminos nuevos.

Entonces, tenemos que preguntarnos en este tercer domingo de Cuaresma, ¿qué frutos doy yo? ¿Estoy dando frutos, frutos de buenas obras en medio de tantas dificultades, sigo mirando a los demás, dejo de mirarme solamente a mí mismo para mirar también a los demás, para tenderles la mano, para ayudarlos en la medida de mis posibilidades, pocas o muchas?

De acuerdo con la parábola del Evangelio, a semejanza de la higuera, Dios quiere que demos fruto, frutos que son aquellas obras buenas que Él espera de cada uno. Esta Cuaresma es una oportunidad, no sabemos si la última, de revisar nuestra vida a la luz de las enseñanzas de Cristo, ya que Él nos espera con los brazos abiertos para que nos reconciliemos con Él en una confesión bien hecha. Es nuestra oportunidad. Dicen los mandamientos de la iglesia, confesarse al menos una vez al año por Pascua florida. O bueno, cada vez que tenemos un pecado mortal, pero por lo menos una vez al año.

Esta es la oportunidad si no lo hemos hecho antes, de acercarnos a ese sacramento de la reconciliación, ese sacramento del amor misericordioso de Dios que se derrama sobre nosotros. Yo siempre veo la confesión no como el tribunal en el que Dios me va a juzgar. Lo veo como la parábola del hijo propio. Ese Padre que está a la entrada del camino esperando que el hijo, que se ha marchado, regrese. Y regrese, no para hacer caer sobre él todo el peso de su enojo. No, sino para abrazarlo y decirle, “Demos gracias, porque este hijo mío que estaba perdido ha sido encontrado, porque este hijo mío que estaba muerto ha vuelto a la vida.”

Entonces, la percepción del sacramento de la reconciliación cambia por completo. No es un momento difícil, es un momento de alegría y de gozo porque me voy a encontrar con mi Padre, con mi Padre que me espera, con mi Padre que me espera como el pastor que va a buscar a la oveja perdida, para cargarme con cariño sobre sus hombros y llevarme de nuevo al redil y decir, “Alegrémonos todos porque he encontrado la oveja que se había perdido.”

Entonces, hermanos míos, preguntémonos en este domingo tercero de Cuaresma, lo recuerdo, porque va avanzando la Cuaresma, no pasemos por ella como si nada hubiera sucedido No dejemos pasar la Cuaresma sin aprovecharnos de este tiempo de gracia y este tiempo de misericordia.

Este es el día del Señor, este es el tiempo de la misericordia. Cantamos muchas veces a la entrada, al comienzo de la misa y es una realidad. Este es el día del Señor, este es el tiempo de la misericordia. Aprovechémoslo para purificar nuestro corazón como el que renueva la tierra, para que podamos dar frutos y frutos abundantes.

Que así el Señor nos lo conceda.

(Música, Convertíos dice el Señor, Dumas y Mary)

Hermanos, renovemos nuestra profesión de fe pidiéndole al Señor que nos ayude a vivir cada día conforme a la fe que profesamos. En Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, que viven en una comunidad de amor.

Creen en Dios Padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra. Sí, creo.

Creen en Jesucristo su único Hijo nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, padeció, murió, resucitó y está sentado a la derecha del Padre. Sí, creo.

Creen en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna. Sí, creo.

Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar, en Cristo Jesús nuestro Señor. Amén.

Y ahora, hermanos, presentemos confiados nuestras súplicas a Dios nuestro Padre.

En primer lugar, por la iglesia para que podamos dar frutos abundantes de buenas obras, haciendo presente con la palabra y con la vida el amor misericordioso de Dios en medio de este mundo. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Pidamos también, no nos olvidemos nunca de aquellas personas, de todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, pero de manera particular por los que se desesperan ante las dificultades de la vida, para que podamos ayudarlos a encontrarse con Cristo y en Cristo encontrar consuelo, fortaleza y esperanza. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

No nos olvidemos de pedir por las vocaciones sacerdotales, religiosas, diaconales, pero también laicales, por la familia para que escuchemos todos allí donde el Señor nos ha colocado su llamada para servirlo en los hermanos. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Por todos los difuntos, de manera particular aquellos que nadie recuerda en sus oraciones para que perdonadas sus faltas, el Señor los acoja en su descanso. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Y los unos por los otros, para que podamos vencer las tentaciones en nuestra vida que nos apartan del camino del Señor, y de nuestros hermanos para que podamos preocuparnos siempre por los otros, aún en medio de nuestras propias dificultades y podamos dar frutos abundantes de buenas obras. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.

Escucha Padre Santo estas súplicas y aquellas que han quedado en nuestros corazones pero que tú conoces te las presentamos. Por Jesucristo, tu Hijo nuestro Señor. Amén.

tú conoces te las presentamos. Por Jesucristo, tu Hijo nuestro Señor. Amén.

Ahora, hermanos, oremos con la oración que el mismo Señor Jesús nos enseñó.

Padrenuestro que estás en el cielo
santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase su voluntad,
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
Como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Hermanos, todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado pueden hacer la comunión espiritual rezando la siguiente oración.

Creo, Señor mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón, y como si te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a Ti. Oh, Señor no permitas que me separe de ti. Amén.

La cita bíblica para esta semana está tomada del Evangelio de San Juan, en el capítulo 8, versículo 12.  “Jesús se dirigió otra vez a la gente diciendo, Yo soy la luz del mundo. El que me sigue tendrá la luz que le da vida y nunca andará en la oscuridad.” Aprovechemos esta cita bíblica para orar con la Palabra de Dios, personalmente, pero también en familia. No olvidemos nunca que la familia que reza unida permanece unida. Es una oportunidad para nutrirnos con la Palabra de Dios.

Que tengan todos, una feliz semana, que puedan pasar también un feliz domingo en familia. Aprovéchenlo con la familia, sobre todo con la familia. No nos olvidemos de eso, los que la tenemos cerca, disfrutemos de ella, y los que las tenemos lejos, pues recordémosla, oremos por ellos, tratemos de comunicarnos, de no perder esa comunicación tan importante entre todos. Y los que tienen la oportunidad de pasar este domingo con la familia, acuérdense de los amigos que están lejos de la familia por cualquier razón que sea. Acójanlos, ellos necesitan también de ese calor familiar y nosotros podemos brindárselo. Mientras más lo brindemos, más se multiplicará.

Y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros y nos acompañe siempre. Amén.

Les ha hablado el padre Rafael Ángel de la Catedral de Santiago de Cuba, hasta la próxima, si Dios quiere.

Con mucho gusto hemos realizado este programa para ustedes desde la Oficina de Medios de Comunicación, de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.
Guion, grabación, edición y montaje, Erick Guevara Correa.
Dirección General, María Caridad López Campistrous.
Fuimos sus locutores y actores, Maikel Eduardo y Adelaida Pérez Hung.
Somos la voz de la Iglesia católica santiaguera que se levanta para estar contigo…Irradia…

(Música, Dios delante de ti, Cristy Villaseñor)

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