Irradia, emisión del 16 de febrero de 2025
Irradia, emisión del 16 de febrero de 2025
Transmitido por CMKC, Emisora Provincial de Santiago de Cuba
Programa Radial de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba
VI Domingo del Tiempo Ordinario
“Jesús miró a sus discípulos y les dijo, dichosos ustedes los pobres, pues el reino de Dios les pertenece” Lucas 6, 20
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(Música, Bienaventurados, Javier Brú)
Para llegar a ti como una bendición, para abrir tus alas al amor de Dios.
Irradia. Un proyecto de la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.
Saludos a todos los que nos acompañan en este día en que venimos a compartir la fe con nuestra comunidad.
Bienvenidos a este encuentro fraternal con la iglesia toda, como el cuerpo místico de Jesús.
Irradia está contigo, irradiando la fe.
(Música, Bienaventurados, Javier Brú)
En esta mañana nos acompaña el P. Rafael Ángel López Silvero, párroco de la Santa Basílica Iglesia Metropolitana Catedral de Santiago de Cuba.
“Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras. Tú eres mi baluarte y mi refugio, por tu nombre condúceme y guíame. Señor, Dios, que prometiste poner tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos por tu gracia, vivir de tal manera que te dignes a habitar en nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor”. Amén.
Buenos días, buenas tardes, buenas noches, como siempre un gusto, una alegría poder compartir con ustedes este pedacito de la mañana del domingo, y sobre todo poder compartir la palabra de Dios. Como siempre digo esa palabra que nos ha ayudado a vivir esta semana que recién termina y que nos ayudará a vivir la semana que recién comienza. La palabra de Dios como esa espada de doble filo que llega hasta lo profundo de nuestros huesos de nuestro corazón. La palabra de Dios que nos ilumina para que no perdamos el camino y que nos fortalece para que podamos recorrerlo. Ese camino que es Cristo, camino verdad y vida.
El martes pasado celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, Jornada Mundial de Oración por los enfermos. En nuestras parroquias pedimos por todos los enfermos, por los enfermos de las parroquias, por los enfermos de nuestra familia. Pedimos la salud material, pero también la salud espiritual. Al Señor le pedimos que nos fortalezca para poder enfrentar las dificultades de la vida sin flaquear, que nos dé la fuerza para poder seguir adelante cada día, confiados en Él, en que nunca nos ha faltar. Porque si el Señor está conmigo, ¿quién contra mí? Si el Señor es la defensa de mi vida, ¿quién puede hacerme temblar?
Las bienaventuranzas, según San Lucas, van acompañadas de sus correspondientes maldiciones. “Dichosos ustedes los pobres, hay de ustedes los ricos”. Así nos lo presenta el evangelio de hoy, de este domingo, sexto domingo del Tiempo Ordinario.
La forma como nuestro Señor se expresa es muy parecida a la que escuchamos en la primera lectura, tomada ya del Antiguo Testamento del libro del profeta Jeremías, capítulo 17, versículos del 5 al 8. “Maldito el hombre que confíe en el hombre. Bendito el hombre que confíe en el Señor”. Todo esto representa para nosotros una invitación a huir de los compromisos y la mediocridad.
San Pablo, que el domingo anterior recordaba las manifestaciones de Cristo resucitado, se apoya ahora en eso para afirmar categóricamente la resurrección de todos los muertos. En su primera carta a los Corintios en el capítulo 15, versículos del 12 al 20.
El evangelio de hoy está tomado del evangelista San Lucas en el capítulo 6 versículos del 17 al 26 y nos presenta las bienaventuranzas.
(Lectura del evangelio de San Lucas, capítulo 6, 17-26)
Cuando uno reflexiona sobre las bienaventuranzas, al menos yo cuando reflexiono sobre las bienaventuranzas, me pregunto siempre cómo se nos puede decir dichosos a los pobres, a los que tienen hambre, a los que lloran, a los que son aborrecidos, expulsados, insultados, seguidos. ¿Cómo nos pueden decir “Alégrense”? Y cuando profundizo un poco, pienso, “Alégrense porque si en medio de esas dificultades perseveran, entonces la gracia de Dios está con ustedes.” Si en medio de esas dificultades no se echan atrás, no abandonan la lucha, no dejan el camino, no se desesperan, no se desalientan, es porque la gracia de Dios está con nosotros, porque solo en Él podemos encontrar la fuerza para seguir adelante, para no dejarnos vencer por las dificultades de la vida, sean cuales sean, se encuentren donde se encuentren.
No porque las vamos a resolver mágicamente, no porque el Señor va hacer milagro para, aunque puede por supuesto, para resolverlas, sino porque el Señor nos ha dado a todos, la gracia, los medios, para poder salir adelante, para poder levantarnos, para poder mirar el futuro, para poder tratar de cambiar todo aquello que nos impide vivir dignamente, todo lo que impide construir, edificar, vivir en fraternidad, porque el Señor siempre nos da lo que necesitamos.
La primera lectura dice algo que a veces como que nos sobrecoge, por lo menos a mí me sobrecoge. “Maldito el hombre que confía en el hombre, que en él pone su fuerza”. ¿Quiere decirnos que no tenemos que confiar los unos en los otros? No. No creo que quiera decir eso. Tenemos que confiar los unos en los otros. Solamente cuando somos capaces de confiar los unos en los otros, podemos construir, edificar, caminar juntos. Pero sabiendo que somos frágiles, débiles, pecadores, que el bien que queremos hacer no siempre lo hacemos, que el mal que no queremos hacer muchas veces lo ponemos por obra. Que nuestra confianza absoluta tiene que estar en el Señor.
El Señor siempre es el mismo, el Señor que no cambia, el Señor que nunca se equivoca, el Señor que nos creó por amor, que nos mantiene en la vida por amor. El Señor que confía en nosotros, que nos da siempre una oportunidad, que nos tiende la mano por lejos que nos hayamos ido de Él, porque Él nunca está lejos de nosotros. Donde vayamos, Él nos acompaña. Por lejos que nos parezca que estamos, nunca estaremos lejos porque el Señor estará siempre cerca.
Entonces tenemos que confiar los unos en los otros, pero la confianza absoluta está en Dios. En Dios que nunca nos falla, el amigo que nunca falla. Y entonces juntos podemos alegrarnos en medio de las dificultades, porque la alegría del cristiano no depende de las circunstancias. Las circunstancias nos ayudan, por supuesto, pero la alegría del cristiano depende de la presencia de Dios en nuestra vida.
Cuando el Señor está en nosotros, cuando el Señor nos acompaña, entonces podemos seguir adelante, podemos conservar esa paz interior que es la alegría. La alegría no es la bulla, la alegría no es, también la alegría se manifiesta a veces exteriormente, ruidosamente, pero no es eso. La alegría es la paz, es la serenidad, es el mirar siempre al frente con esperanza. Y cuando tenemos al Señor con nosotros, entonces podemos hacerlo.
Cuando leemos la vida de los santos, ¿nos damos cuenta de esto? Los santos no vivieron su vida tranquilamente, los santos encontraron muchas dificultades que venían de dentro de ellos mismos, porque tenían las mismas pasiones, los mismos defectos que podemos tener nosotros y que venían de fuera, de aquellos que ponían obstáculos para que ellos pudieran seguir adelante. Pero no perdían la alegría, no perdían la alegría porque confiaban en el Señor, porque sabían que el Señor no les pedía nada para lo cual no les diera las gracias y las fuerzas necesarias. Por eso no estaban tristes, dicen que un santo triste es un triste santo.
Entonces, estemos alegres, alegres en el Señor, que Él está con nosotros, que Él camina con nosotros, que Él va adelante, que no quiere que suframos que no quiere que padezcamos, pero la vida es así y a veces aunque no queremos, encontramos las obstáculos los obstáculos en nuestra vida, pero cuando tenemos al Señor, cuando Él es nuestra luz, cuando Él es nuestra fuerza, entonces podemos seguir con alegría adelante y un día encontrarnos cara a cara con Él en el lugar del consuelo de la luz y de la paz.
Ese lugar que hemos construido ya desde este mundo, no es que vamos a esperar la alegría para el otro mundo, para después que el Señor nos llame. No, la alegría se construye en este mundo, la paz se construye en este mundo. En este mundo es donde nos encontramos con el Señor y donde tenemos que vivir nuestra vida cristiana, que es el amarnos los unos a los otros como Él nos ama. Y entonces llegaremos a las puertas de la vida eterna que estarán abiertas para nosotros.
Entonces pidámoslo así hermanos míos, que podamos leer con tranquilidad, con paz las bienaventuranzas y pedirle, Señor, que sea capaz de alegrarme porque tú estás conmigo en cualquier circunstancia. Que así sea.
(Música, Enséñanos a ser Bienaventurados, Dumas y Mary)
Ahora, hermanos, renovemos nuestra profesión de fe, porque en la fe encontramos la fuerza, porque en la fe encontramos la alegría. Señor, ayúdanos a vivir conforme a la fe que profesamos.
Creen en Dios Padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra. Sí, creo.
Creen en Jesucristo su único Hijo nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, padeció, murió, resucitó y está sentado a la derecha del Padre. Sí, creo.
Creen en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna. Sí, creo.
Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar, en Cristo Jesús nuestro Señor. Amén.
Y ahora, hermanos, confiados en que el Señor siempre nos escucha y mejor aún, siempre nos responde, le presentamos nuestras súplicas.
Pidamos por la Iglesia, para que promueva siempre entre los hombres la entrega gratuita a los más necesitados, mostrándoles la misericordia de Dios. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.
Pidamos también por los religiosos y religiosas que se dedican a los enfermos de manera particular, para que expresen siempre con claridad su consagración a Dios en lo que sufren. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.
También oremos por los trabajadores de la salud y las instituciones sanitarias, para que no busquen el beneficio a toda costa, sino que pongan gratuitamente los dones recibidos al servicio de la solidaridad. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.
Pidamos por los visitantes de enfermos de nuestras comunidades, para que nunca se cansen del servicio que prestan a tantos enfermos y ancianos que los necesitan. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.
Por los que sufren el dolor físico o espiritual, especialmente los descartados de la sociedad, para que encuentren su consuelo en los cristianos y su fuerza en Dios. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.
Por la unión de todos los cristianos, que seamos peregrinos de la esperanza y así mantengamos encendida la llama de la fe en medio de la oscuridad. Roguemos al Señor. Te lo pedimos Señor.
Escucha Padre Santo estas súplicas y aquellas que han quedado en nuestros corazones pero que tú conoces te las presentamos. Por Jesucristo, tu Hijo nuestro Señor. Amén.
Oremos, hermanos, con la oración que el mismo Señor Jesús nos enseñó.
Padrenuestro que estás en el cielo
santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase su voluntad,
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
Como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.
Hermanos, todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado pueden hacer la comunión espiritual rezando la siguiente oración.
Creo, Señor mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón, y como si te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a Ti. Oh, Señor no permitas que me separe de ti. Amén.
Que tengan todos una un feliz domingo. Que lo puedan disfrutar, que puedan descansar y sobre todo que puedan compartir con sus familias, con las que tienen cerca y recordar a las que tienen lejos. Y tener presente, sobre todo, siempre lo digo, no me canso de decirlo cada domingo, a aquellos amigos que están lejos de su familia, por cualquier razón, para que los puedan acoger, para que sientan ese calor familiar que todos necesitamos. Es una forma de compartir. A veces no tenemos cosas materiales que compartir, pero eso sí lo tenemos si tenemos un corazón abierto, un corazón generoso, entonces eso lo podemos compartir con aquellos que lo necesitan, podemos abrazarlos con nuestro cariño que es tan importante y que a veces lo olvidamos.
La cita bíblica para esta semana está tomada del evangelista San Lucas, en el capítulo 6, versículos del 18 al 20. “Los que sufrían a causa de espíritus impuros también quedaban sanos. Así que toda la gente quería tocar a Jesús porque lo sanaba a todos con el poder que de Él salía. Jesús miró a sus discípulos y les dijo, dichosos ustedes los pobres, pues el reino de Dios les pertenece.”
Les ha hablado el padre Rafael Ángel de la Catedral de Santiago de Cuba. Hasta la próxima, si Dios quiere.
Con mucho gusto hemos realizado este programa para ustedes desde la Oficina de Medios de Comunicación, de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.
Guion, grabación, edición y montaje, Erick Guevara Correa.
Dirección General, María Caridad López Campistrous.
Fuimos sus locutores y actores, Maikel Eduardo y Adelaida Pérez Hung.
Somos la voz de la Iglesia católica santiaguera que se levanta para estar contigo…Irradia…
(Música, Bienaventurados, Primera Fe)