Vida Pastoral

Viernes, 28 de agosto de 2015 - Genera vida en tu entorno - Nos dice el papa Francisco: “La misericordia de Dios da vida al hombre, le resucita de la muerte.”

Vida Pastoral (326)

Jueves, 16 Abril 2015 12:32

Lo que tú quieras, Señor

Escrito por

dbc¡Jóvenes van al Santuario a venerar la santa reliquia del Papa de los Jóvenes, del Papa de Cuba! 

Arquidiócesis de Santiago de Cuba, 10 de abril de 2015 / Al pronunciar el nombre Karol Józef Wojtyła pocos serán los que reaccionen. Sin embargo, si hablamos de Juan Pablo II, la cuestión será muy diferente.

Desde el mismo momento de su proclamación como Papa, lo distinguieron una serie de particularidades que solo habrían de incrementarse. Siendo el primer papa polaco en la historia, y uno de los pocos en los últimos siglos que no italianos, su pontificado de 26 años fue el tercero más largo en la historia, después del de san Pedro (se cree que entre 34 y 37 años) y el de Pío IX (31 años).

Como parte de su especial énfasis en la llamada universal a la santidad, beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483 santos, más que la cifra combinada de sus predecesores en los últimos cinco siglos. La distinción, sin embargo, por la que más nuestro pueblo lo identificaría, fue por ser uno de los líderes mundiales más viajeros de la historia, visitando 129 países durante su pontificado, hablando en italianofrancésalemáninglésespañolguaraníportuguésucranianorusocroataesperantogriego antiguo y latín, así como su natal polaco. Su disposición de acercarse a sus fieles alrededor de todo el mundo a pesar de la edad y los achaques de la enfermedad, le valieron el bien ganado epíteto de “el Papa Peregrino”.

Por eso, cuando se publicó la noticia de que una reliquia de la sangre de san Juan Pablo II, canonizado hace menos de un año, estaría en nuestra diócesis, se regó como buena nueva. Llegaba a nuestra Isla una reliquia del Papa de los jóvenes, el Papa que instauró la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ); del primer Papa en viajar a nuestro país, y justo en ese momento coyuntural para nuestra historia pronunció la frase que ha dado esperanza y consuelo a miles de cubanos durante años: “Es momento de que Cuba se abra al mundo y de que el mundo se abra a Cuba”. Estaría expuesta la reliquia no solo en el Arzobispado, sino también en la Casa de Nuestra Madre, y hacia allá, fuimos todos.

LA noche del 8 de abril dos camiones de jóvenes, de distintas comunidades de la diócesis, acompañados por la comunidad de El Cobre, estuvieron allí. Primero la presentación de la reliquia a los pies de la Virgen, bajo la falda de la escalera que conduce a su casa. Luego, un Rosario en el templo, rezado fundamentalmente por los jóvenes, que se día fuimos mayoría.

Un encuentro con Juan Pablo II, pero además con  Karol Józef Wojtyła, fue lo que nos propuso Mons. Dionisio en su homilía. Un encuentro con aquel que vio su país destruido por las fuerzas nazis y luego oprimido y aplastado por la ocupación rusa. Conocimos a un Karol joven de carne y hueso, que pierde a su padre en 1941 durante la ocupación de Polonia y se abate por no poder expresar su fe libremente.

Las columnas en las que se fundó la predicación de Juan Pablo II, fueron otro punto importante del sermón. Su primer cimiento, el hombre, al que insistió hay que respetarlo, que defenderlo, que levantarlo… Precisamente por haber vivido los horrores de la Segunda Guerra Mundial el joven Karol pudo ver de cerca la miseria humana y el sometimiento de un pueblo por otro. No es casual que su primera verdad haya sido el respeto al  ser humano, maltratado por las tantas formas de violencia contra las que parece alzarse, pero que paradójicamente se constituyen como la base de lo que podemos llamar progreso social.   

Su segunda columna fue Cristo. Porque fue Cristo quien dio sentido a la suya y da sentido a nuestras vidas hoy. Porque es Cristo el camino, la verdad y la vida, y sin él, en soledad, el hombre no puede vivir realmente su vida a plenitud. En palabras de nuestro Arzobispo: “El hombre que no manifiesta su vida con Cristo y con Dios, no llega a buen término”. Por eso esa noche nos invitaba el pastor: “No tengan miedo a aceptar a Cristo, que lo único que puede darles es el bien y la verdad”. Instruido en una familia católica, fue precisamente el encuentro con Cristo lo que le hizo verdaderamente libre. Un Cristo que respeta los procesos del ser humano, que no utiliza ninguna forma de violencia. Un Cristo que da una liberación que viene de dentro y que va mucho más allá de los encarcelamientos temporales de la vida humana.

La Iglesia, columna vertebral del pueblo polaco, garantía de la verdad, es el otro pilar sobre el que Juan Pablo II basó su predicación. “No fue erudito, no fue científico…, fue sacerdote”, nos recordó Mons. Dionisio. Entre tantas opciones para elegir, Juan Pablo II decide escoger el ministerio sacerdotal para procurar que otros también se encuentren con el Padre. Es una decisión radical, en un tiempo en el que los seminarios de su país, permanecían en la clandestinidad.

Juan Pablo II, el Papa peregrino, recorrió el mundo predicando la verdad del hombre, la verdad de Cristo y la verdad de la Iglesia, puntualizó el Arzobispo, al tiempo que hizo un llamado especial a los jóvenes (“porque esto es para los jóvenes”) a que fuéramos en nuestros grupos reflexivos y orantes; reflexivos “para buscar la verdad de las cosas” y orantes “para estar bajo el manto del Espíritu Santo que nos ayuda a encontrar esa verdad”. “Señor, que mi vida no sea vivir por vivir”-nos invitó a decir-, “sino que yo viva como sacerdote, médico, padre de familia, carpintero, obrero del campo… como lo que sea, pero siendo buen cristiano”.

Después de la celebración de la eucaristía, llegó el momento de venerar la reliquia. Imaginarlo joven, lleno de pasión por Cristo, por la Iglesia, por sus estudiantes a los que llevaba de excursión “en un tiempo en que nadie se atrevía a eso  porque incluso eso podía ser malinterpretado”… nos hizo acercarnos a la reliquia con la sensación de que el otrora Papa, ahora Santo de nuestra Iglesia, nos señalaba a quien fue su pasión y  verdadero amor: Cristo Jesús. A seguirlo a Él nos invita. «Sígueme», dice el Señor resucitado a Pedro, como su última palabra a este discípulo elegido para apacentar a sus ovejas. «Sígueme», esta palabra lapidaria de Cristo puede considerarse la llave para comprender el mensaje que viene de la vida de nuestro (…) amado papa Juan Pablo II". (Benedicto XVI).

En la adorada Cracovia de Juan Pablo II  será el encuentro de la juventud católica de todo el orbe. Dista poco más de un año, y ya los jóvenes se están preparando en un camino de oración y reflexión al que nos ha convocado el papa Francisco. La visita de la reliquia a nuestra diócesis, nos introduce en la persona de Juan Pablo II y nos anima a hacer como él, ejemplo de quien pone su vida en manos de Dios y dice: “Lo que tú quieras, Señor”.

Evangelio del Día